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Jueves 03 de Diciembre, 2015

Un año más de sacerdocio del Padre Carlos Risopratron

 



El Padre Carlos Risopatron se ordenó en Roma el 8 de diciembre de 1954, desde entonces María Santísima lo acompaña en su sacerdocio.


El Padre Carlos Risopatron acompaña a nuestra parroquia desde hace algún tiempo, sin embargo, pocos hemos tenido la fortuna de compartir con él y conocerlo, es por eso que los invitamos a leer un poco de su maravillosa historia personal.

Sus inicios como sacerdote: Entre bicis, motonetas y esculturas

Junto a muchos Obispos de América, el Padre Carlos fue ordenado en Roma el 8 de diciembre de 1954,  cuando la solemnidad de la Inmaculada Concepción cumplía 100 años. Este sin duda iba a ser uno de los grandes hitos que marcaría su vida personal y como sacerdote.

Su primera misa la ofició en Roma, y posteriormente regresó a Chile para ser nombrado Vicario de la Parroquia San Rafael, donde trabajó fuertemente con la Juventud de Av. Mata. Posteriormente lo nombraron Vicario de la Parroquia el Buen Pastor, donde realizaba sus recorridos a diversas poblaciones en bicicleta, aquí fue donde el Padre Carlos tuvo su primer contacto con la Juventud Obrera Católica “JOC”, donde realizó lazos fraternos importantes con la juventud de diversas poblaciones, personas con las que  hasta el día de hoy mantiene un cariñoso contacto.

Su primer parroquia fue la Parroquia San Gerardo, aquí cambio la bici por una motoneta y formó un grupo con los motociclistas jóvenes de talleres de mecánica, y esto duró poco tiempo, porque de ahí se fue como segundo párroco de la Parroquia San Mateo, donde había gente humilde, pero más que eso, nos comenta que la experiencia marcó su vida,  porque fue la primera vez que no tuvo donde vivir, “vivía en una mediagua del Hogar de Cristo, no tenía casa, ni siquiera servicios sanitarios”, nos cuenta el Padre Carlos, sin embargo expresa que fue de lo más hermoso que pudo experimentar, debido a que como no tenía casa “los mismos feligreses después de la misa del día domingo, se repartían al párroco entre los días de la semana para darle almuerzo y comida, de esta gente aún quedan, son viejos igual que yo, pero los llevo en el corazón” , comenta.

Posteriormente, el Padre Carlos se fue a la Parroquia Santa Filomena, en pleno barrio Patronato, que en ese entonces era un barrio árabe, donde hizo gran amistad con ellos y con la gente de La Vega, con los comerciantes que visitaba a diario. Aquí tuvo una experiencia muy bonita, porque le pidieron que se llevara a la Parroquia a un seminarista, para ayudarle como guía en su discernimiento vocacional. Este seminarista además de ser una persona muy sencilla, dócil, simpático y gentil, era un muy buen escultor, su nombre es Francisco Gacitúa, uno de los mejores escultores que tenemos hoy en Chile.

En el tiempo de la unidad popular, con este seminarista, el Padre formó un grupo de taller para hacer lámparas, y cosas de hierro, aquí llegaron muchos artistas, desde pintores hasta escultores, y fue una experiencia muy bonita, entre ellos estaba Jaime Pelecie, actual joyero del Jet Set en Nueva York, y ahí nació la gaviota de plata del Festival de Viña, y Jaime estaba haciendo un modelo de la Gaviota la cual nació en este taller.

Su quehacer durante el golpe militar

Después de esta hermosa experiencia, se fue a la Comuna de la Reina a la Parroquia de San Carlos Gorromeo, junto al Parque la Quintrala , donde vivía a una cuadra de Violeta Parra, quien tenía una carpa y se ponía a componer sus canciones, y aquí fue también donde ella murió. En esta parroquia duró 10 años, por lo que caminó calle por calle y tocó puerta a puerta.

En esta parroquia le tocó vivir el golpe Militar, del año 1972 al 1982, en la noche “estábamos encerrados, se oían los balazos, no se podía salir a la calle, y aquí pasaron muchas cosas complicadas, lo que hizo aún más hermosa la experiencia, porque conocí una nueva manera de evangelizar, la cual llevo hasta el día de hoy, que es el : Camino Neocatecumenal, y aquí en la Inmaculada Concepción, prácticamente estoy al servicio de los catecúmenos, me reúno semanalmente desde ese entonces con ellos, por los diversos grupos que logramos formar”

En esta parroquia se formó la primera comunidad del Camino Neocatecumenal, hace 40 años, con los cuales el Padre Carlos sigue trabajando hasta el día de hoy “Fueron años muy hermosos, una comuna muy hermosa, con gente muy sencilla, dejar esta comunidad fue uno de los primeros dolores difíciles que me tocó pasar, fueron 10 años de mi sacerdocio que tuve que despedir”, compartió.

Los caminos de Dios no son los nuestros: el terremoto del 85

Después de esta despedida, se fue a la Parroquia de Santa Catalina de Siena, donde fueron tiempos muy complicados, porque fueron los tiempos de las reacciones contra el gobierno militar, desde las protestas, los apagones, gases lacrimógenos, y él tenía siempre que apelar a la caridad.

Sin embargo, la reacción de la naturaleza hizo más trágica esta etapa, porque en 1985, se sufrió uno de los terremotos más potentes que ha tenido del país,  el Padre nos comenta: “Chile está marcado por los terremotos, mi casa se convirtió en casa de todos, en la parroquia tuve campamentos instalados con  las personas que habían perdido todo… es curioso, porque hace dos años apareció frente a mí una mujer, que me contó que cuando ella era una niñita, yo la acogí en mi casa con su familia durante el terremoto, estaba profundamente agradecida, pero estos son los regalos que nos permite vivir Dios, después de momentos tan duros”.

Pero como los caminos de Dios no son los nuestros, el llamado de Nuestro Señor para el Padre Carlos lo llevó inmediatamente después de sufrido el terremoto, a que lo cambiaran de Parroquia a Maipú, donde prácticamente estaba todo destruido y devastado por lo sucedido.

“Aquí me tocó vivir una experiencia muy fuerte, porque el terremoto destruyó el cementerio, se perdieron los cadáveres, una cosa terrible, y la gente estaba sumamente molesta y dolida porque querían recuperar los cuerpos de sus muertos, pero no se sabía, y hubo que hacer una fosa común y reorganizar el cementerio, se formaban colas de gente para poder esperar ver su cadáver,  fue muy duro este tiempo” nos comparte.

El desafío de Maipú

El cambio de parroquia, representó un desafío importante para su sacerdocio, porque Maipú era la parroquia más grande que había existido, tenía 250 mil habitantes y eran 5 sacerdotes, el padre recibía mucho seminaristas que iban a hacer prácticas a la parroquia Maipú. Entre ellos se encontraba el Padre Eduardo Howards, por lo que el Padre Carlos Risopratron fue su mentor durante aquellos tiempos de seminario.

Eran entre 10 y 12 sectores los que existían en esta Parroquia, y el Padre Carlos logró construir capillas en cada uno de estos sectores, y se comenzó también la evangelización del Camino Neocatecumenal, mismas que costaron mucho porque esta parroquia implicaba mucho tiempo.

Sin embargo lo más hermoso que vivió frente a este desafío fue la creación de más parroquias, “la parte más bonita fue que donde había una sola parroquia, hicimos cuatro parroquias, hicimos toda una planificación pastoral con la gente, formamos comunidades grandes, y ahí entonces fuimos planificando hasta que armamos tres parroquias más además de la existente, y el día 8 de diciembre, un día muy marcado en mi historia de vida, entregué cuatro parroquias, no sólo la que me habían dado, sino tres más, con sus párrocos, con sus consejos parroquiales, etc. lo más importante que debo resaltar, es que todo fue hecho por los laicos”.

Así como la parábola de los talentos, tras 7 años de trabajo en Maipú, el Padre Carlos entregó los talentos multiplicados.

Sus últimas parroquias

El Padre Carlos había casi recorrido todos los confines de Santiago como sacerdote, sin embargo, el Señor lo llamó  a una misión más que duró 15 años en la parroquia de San Pedro de las Condes en el año de 1992.

Aquí logró formar comunidades Neocatecumenales importantes, que al día de hoy llegan a ser doce, conformadas por alrededor de 400 personas entre todas. Por lo que los días sábados, la parroquia se encuentra llena de ellas para vivir la experiencia catecumenal.

“Realmente la experiencia en esta parroquia fue especial porque brotó, con dificultades, pero lo hizo maravillosamente, hasta que me mandaron en el año 2007 de vuelta a la Avenida Mata, donde yo había iniciado mi sacerdocio” Padre Carlos Risopratrón.

Regresó a la Avenida Mata,  a la Parroquia San Andres, “una muy buena parroquia”, nos expresa, y la razón de llevarlo hasta ahí, era que ya existían comunidades y estas necesitaban crecer, alimentarse y ser más grandes. Aquí duró 8 años, ya incluso habiendo pasado la edad para jubilarse, sin embargo seguía con mucho vigor trabajando en esta su última parroquia.

“La Virgen me ha acompañado en mi sacerdocio”

Después de salir de la parroquia de San Andrés,  se fue de vacaciones y regresó a Vitacura a nuestra parroquia. Esto fue por la petición personal que le hizo al Cardenal para poder ayudar en esta parroquia y seguir trabajando en servicios sacerdotales en las comunidades que él tiene ya creadas.

El Padre Carlos Risopatron, nos expresa que si pudiera resumir en una máxima su sacerdocio, esta sería:

“Mi alma engrandece al Señor”

Nos cuenta: “Cumpli los 60 años y yo iba repitiendo un estribillo de la Virgen María, mi alma engrandece al Señor, porque yo me ordene el día de la inmaculada, cumplo años de sacerdote siempre el día de la inmaculada y ahora estoy en la Parroquia de la inmaculada, entonces, yo noto que la Virgen María me ha acompañado durante todos estos años, porque son puros regalos, regalos distintos”

Felicitamos al Padre Carlos, este 8 de diciembre, por un Aniversario más de sacerdocio, le damos gracias por el regalo de su testimonio y los invitamos siempre a rezar por él y por todas las vocaciones sacerdotales.

 



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