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Publicada: Domingo 05 de Julio, 2026

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 11, 25-30

 


Domingo 5 de julio, Tiempo Ordinario

Jesús dijo:

Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque, habiendo ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes, las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así lo has querido.

Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie conoce el Hijo sino el Padre, así como nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquél a quien el Hijo se lo quiera revelar.

Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y Yo los aliviaré. Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio. Porque mi yugo es suave y mi carga liviana.

Palabra del Señor.

 

Te invitamos a profundizar en la Palabra con la guía de Fray Diego Rojas (O.P.) del Convento de Santo Domingo, Caleruega, Burgos:

La promesa final de Jesús toca el deseo más profundo del ser humano. Todos buscamos descanso. Todos anhelamos una paz que ninguna circunstancia pueda destruir.

Ese descanso nace cuando dejamos que el Espíritu nos transforme y aprendemos a vivir desde la humildad. Cuando dejamos de apoyarnos únicamente en nuestras fuerzas y acogemos la misericordia de Dios. Cuando aceptamos que no somos salvadores de nosotros mismos y descubrimos que ya somos amados.

Pero Jesús no promete una vida libre de dificultades. Tampoco identifica el descanso con la ausencia de conflictos, sufrimientos o peligros. Él mismo vivió el rechazo, la incomprensión y la cruz. El descanso del alma al que invita es algo más profundo: la paz que brota de la comunión con Dios. Es la serenidad de quien sabe que su vida está sostenida por el amor del Padre y habitada por su Espíritu. Por eso puede permanecer en pie incluso en medio de la incertidumbre, el dolor o la prueba.

Quien vive unido a Cristo descubre que la verdadera paz no depende de que todo salga bien, sino de saber que nunca camina solo. El descanso del alma es la experiencia de descansar en Dios, confiando en que nada puede separarnos de su amor. Así, aun en medio de las tormentas de la vida, el corazón encuentra una morada firme donde permanecer.


Fuente: Domincos.org




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