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Publicada: Domingo 28 de Junio, 2026

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 10, 37-42

 


Domingo 28 de junio, Tiempo Ordinario

Dijo Jesús a sus apóstoles:

El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; y el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí.

El que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí.

El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará.

El que los recibe a ustedes, me recibe a mí; y el que me recibe, recibe a Aquél que me envió.

El que recibe a un profeta por ser profeta, tendrá la recompensa de un profeta; y el que recibe a un justo por ser justo, tendrá la recompensa de un justo.

Les aseguro que cualquiera que dé a beber, aunque sólo sea un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños por ser mi discípulo, no quedará sin recompensa.

Palabra del Señor

 

A continuación, puedes meditar profundizar en la Palabra con la guía de Fray Luis Martín Figuero (O.P.) Comunidad Virgen de la Vega, Salamanca, España:

Las palabras que leemos en el evangelio de este día parecen duras y exigentes. 

¿Será que Jesús nos está invitando a no amar a nuestros padres, a no amar a nuestros hijos?  Eso estaría en contradicción con el 4º mandamiento de honrar a padre y madre, y no puede ser posible que haya contradicción en los mismos mandamientos.

No se trata de no amar a nuestros padres o de no amar a nuestros hijos, sino más bien de que ese amor no nos aleje del amor de Dios, por eso dice: “el que ame a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mi” (Mt 10, 37). La invitación no es a no amar sino más bien, a tener clara nuestras prioridades, como dice el primer mandamiento de la Ley de Dios. “amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo”. Por eso, no se trata de no amar a nuestra familia, a nuestros padres, a nuestros hijos, sino de que eso no nos aleje del amor de Dios.

¿Nos parece pesado esto que nos pide Jesús, esto de amarlo por encima de nuestra familia, de tomar la cruz, de renunciar? Si es así, la respuesta está en el amor, es porque quizás amamos poco. Hay una anécdota que le sucedió a la Madre Teresa de Calcuta cuando un famoso fue a ver el trabajo que ella estaba realizando, este famoso le dijo que lo que estaba haciendo ella, él no lo haría ni por un millón de dólares, ella le dijo que ella tampoco lo haría por un millón de dólares, sino que lo hacía por amor, porque el amor suaviza las exigencias. El propio San Agustín decía también que el amor hace suave los preceptos.

Dos reflexiones finales al hilo de lo que hemos ido comentando: Jesús no nos pide no amar a nuestra familia, sino que eso no interfiera en nuestro amor a Dios. Y si nos parece pesado lo que nos pide Jesús, es porque quizás le amamos muy poco.

¿Qué personas, seguridades o intereses ocupan hoy el lugar que debería tener Jesús en mi vida ¿Cómo puedo vivir en lo cotidiano el llamado a “tomar la cruz” y servir a los demás, incluso en los gestos más pequeños?

 

Fuente: Dominicos.org




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