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Publicada: Domingo 18 de Octubre, 2026

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo 22, 15-21

 


Domingo 18 de octubre, Tiempo Ordinario

Los fariseos se reunieron para sorprender a Jesús en alguna de sus afirmaciones. Y le enviaron a varios discípulos con unos herodianos, para decirle: “Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas con toda fidelidad el camino de Dios, sin tener en cuenta la condición de las personas, porque Tú no te fijas en la categoría de nadie. Dinos qué te parece: ¿Está permitido pagar el impuesto al César o no?”

Pero Jesús, conociendo su malicia, les dijo: “Hipócritas, ¿por qué me tienden una trampa? Muéstrenme la moneda con que pagan el impuesto”.

Ellos le presentaron un denario. Y él les preguntó: “¿De quién es esta figura y esta inscripción?”

Le respondieron: “Del César”.

Jesús les dijo: “Den al César lo que es del César, y a Dios, lo que es de Dios”.

Palabra del Señor.

 

A continuación puedes, leer una reflexión sobre la lectura dominical, con la guía de Fray Vicente Niño Orti (O.P.) del  Convento de Ntra. Sra. de Atocha, Madrid, España:

Durante siglos este texto ha recibido interpretaciones muy diversas. Pero quizá el verdadero centro de la cuestión, no es cómo nos relacionamos con la política, con el César, sino dónde colocamos a Dios.

Jesús no está repartiendo la vida en dos compartimentos estancos, uno religioso y otro político. Tampoco está despreciando las responsabilidades civiles. Reconoce que existen realidades propias de la convivencia humana que debemos asumir responsablemente.

Pero recuerda algo decisivo: ningún poder humano puede reclamar aquello que pertenece únicamente a Dios. Ninguna ideología, ningún partido, ningún proyecto económico o cultural merece una adhesión absoluta. Solo Dios puede ocupar el centro del corazón.

Por eso el verdadero interrogante no es cuánto damos al César. La pregunta realmente incómoda es otra: ¿estamos dando a Dios lo que le pertenece?

Le pertenecen nuestra libertad, nuestra conciencia, nuestra dignidad y nuestra vocación más profunda. Cuando olvidamos esto, cualquier realidad humana corre el riesgo de convertirse en un absoluto.

El cristiano participa plenamente en la sociedad, trabaja por el bien común y asume sus responsabilidades. Pero sabe también que ninguna realidad temporal puede convertirse en un ídolo. Esa es la libertad que Jesús propone: vivir en el mundo sin entregar el corazón a aquello que no puede salvarnos.

¿Reconozco la acción de Dios incluso cuando llega por caminos inesperados? ¿Predomina en mí la queja o la gratitud? ¿Qué "césares" ocupan hoy un lugar que solo corresponde a Dios?

 

Fuente: Dominicos.org
 




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