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Domingo 13 de septiembre - Tiempo Ordinario
Se acercó Pedro y dijo a Jesús: “Señor, ¿cuántas veces tendré que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga? ¿Hasta siete veces?”
Jesús le respondió: “No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.
Por eso, el Reino de los Cielos se parece a un rey que quiso arreglar las cuentas con sus servidores. Comenzada la tarea, le presentaron a uno que debía diez mil talentos. Como no podía pagar, el rey mandó que fuera vendido junto con su mujer, sus hijos y todo lo que tenía, para saldar la deuda. El servidor se arrojó a sus pies, diciéndole: “Dame un plazo y te pagaré todo”. El rey se compadeció, lo dejó ir y, además, le perdonó la deuda.
Al salir, este servidor encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, tomándolo del cuello hasta ahogarlo, le dijo: “Págame lo que me debes”. El otro se arrojó a sus pies y le suplicó: “Dame un plazo y te pagaré la deuda”. Pero él no quiso, sino que lo hizo poner en la cárcel hasta que pagara lo que debía.
Los demás servidores, al ver lo que había sucedido, se apenaron mucho y fueron a contarlo a su señor. Este lo mandó llamar y le dijo: “¡Miserable! Me suplicaste, y te perdoné la deuda.
¿No debías también tú tener compasión de tu compañero, como yo me compadecí de ti?” E indignado, el rey lo entregó en manos de los verdugos hasta que pagara todo lo que debía. Lo mismo hará también mi Padre celestial con ustedes, si no perdonan de corazón a sus hermanos”.
Palabra del Señor.
A continuación puedes, leer una reflexión sobre la lectura dominical, con la guía de Fray Cristo Manuel Acosta González (O.P) del Convento de San Esteban (Salamanca)
Hay olvidos que no tienen que ver con la memoria, sino con el corazón. Olvidamos un nombre, una fecha, un rostro; pero también podemos olvidar algo mucho más decisivo: que estuvimos de rodillas, y que unas manos nos levantaron sin pedirnos nada a cambio. Ese es el olvido que retrata el Evangelio de este domingo, y es también el olvido en el que, con demasiada facilidad, podemos caer todos.
Pedro pregunta a Jesús cuántas veces hay que perdonar, buscando un límite razonable, una cifra que permita decir «hasta aquí». Jesús no responde con un número, sino con una historia: la de un hombre que debía diez mil talentos, una fortuna imposible de devolver, y a quien el rey, sin negociar ni exigir garantías, se compadeció y dejó libre. El drama no empieza ahí. Empieza unos versículos después, cuando ese mismo hombre, con las rodillas todavía calientes del suelo donde había suplicado, agarra por el cuello a un compañero que le debe una suma insignificante.
Las tres lecturas de este domingo repiten, desde ángulos distintos, una misma invitación: no olvides. No olvides la alianza, dice el Sirácida. No olvides a quién perteneces, dice Pablo. Y el Evangelio añade: no olvides el corazón del Rey. Porque el perdón no nace primero de nuestro esfuerzo, sino de la contemplación de una misericordia que nos precede. Solo quien permanece en la memoria de ese amor aprende, poco a poco, a mirar al hermano con los mismos ojos con los que Dios lo ha mirado primero.
Fuente: Dominicos.org
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