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Domingo 4 de enero de 2026, Tiempo de Navidad
Cuando nació Jesús, en Belén de Judea, bajo el reinado de Herodes, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén y preguntaron: “¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Porque vimos su estrella en Oriente y hemos venido a adorarlo”.
Al enterarse, el rey Herodes quedó desconcertado y con él toda Jerusalén. Entonces reunió a todos los sumos sacerdotes y a los escribas del pueblo, para preguntarles en qué lugar debía nacer el Mesías. “En Belén de Judea, le respondieron, porque así está escrito por el Profeta:
“Y tú, Belén, tierra de Judá, ciertamente no eres la menor entre las principales ciudades de Judá, porque de ti surgirá un jefe que será el Pastor de mi pueblo, Israel””.
Herodes mandó llamar secretamente a los magos y, después de averiguar con precisión la fecha en que había aparecido la estrella, los envió a Belén, diciéndoles: “Vayan e infórmense cuidadosamente acerca del niño, y cuando lo hayan encontrado, avisen me para que yo también vaya a rendirle homenaje”.
Después de oír al rey, ellos partieron. La estrella que habían visto en Oriente los precedía, hasta que se detuvo en el lugar donde estaba el niño. Cuando vieron la estrella se llenaron de alegría y, al entrar en la casa, encontraron al niño con María, su madre, y postrándose, le rindieron homenaje. Luego, abriendo sus cofres, le ofrecieron dones: oro, incienso y mirra. Y como recibieron en sueños la advertencia de no regresar al palacio de Herodes, volvieron a su tierra por otro camino.
Palabra del Señor
Te invitamos a hacer vida la Palabra con la guía de Fray Raisel Matanzas Pomares (O.P.) del Convento de San Juan de Letrán (La Habana, Cuba):
Frente al misterio de un Dios hecho carne en la mayor vulnerabilidad y humildad, lo propio de la respuesta humana es adorar. El salmista canta: “Se postrarán ante ti, Señor, todos los pueblos de la tierra”. Los regalos, oro, incienso y mirra manifiestan quién es este niño. Oro, propio de los reyes; incienso, en reconocimiento de su divinidad; y mirra, en alusión a su humanidad y el anuncio profético de su pasión y muerte por nuestra salvación.
Tendríamos que preguntarnos: ¿qué regalos, o dones, le ofrecemos al Señor en esta festividad? ¿Qué le llevo yo a Dios para la celebración de este día? Celebrar la Epifanía es encontrarnos con el mismo Cristo a quien adoraron los sabios del Oriente. ¡Que nuestro corazón se llene de alegría ante el encuentro con Él y con nuestros hermanos en la celebración del banquete eucarístico! Que le adoremos con sincero corazón, humildad y reverencia! Y, al volver a nuestros quehaceres, vayamos transformados por “otro camino”, un camino de luz, de amor y esperanza, con el compromiso de ser estrellas que conduzcan a otros hacia un encuentro íntimo con Cristo, luz de todas las naciones.
¿Dónde está Jesús para mí? ¿Dónde lo busco? ¿Dónde lo encuentro?
¿Qué “estrellas” veo aparecer en mi vida? ¿Qué señales descubro en mi camino que me invita a acercarme más a Él?
¿Cómo puedo ser una “estrella” que conduce a Jesús, en mi entorno familiar, laboral, de amistad, en la comunidad eclesial...?
¿Qué le ofrezco como regalo al Señor en el día de la Epifanía? ¿Y cómo comunidad, qué le llevamos?
Lee la reflexión completa haciendo clic AQUÍ.
Fuente: Dominicos.org
Av Vitacura 3729, Vitacura, Región Metropolitana
Teléfono: 22 208 1730
E-mail: secretariapinmaculada@iglesia.cl