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Publicada: Domingo 03 de Mayo, 2026

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 14, 1-12

 


Domingo 2 de mayo

 

Durante la última cena, Jesús dijo a sus discípulos:

“No se inquieten. Crean en Dios y crean también en mí. En la Casa de mi Padre hay muchas habitaciones; si no fuera así, ¿les habría dicho a ustedes que voy a prepararles un lugar? Y cuando haya ido y les haya preparado un lugar, volveré otra vez para llevarlos conmigo, a fin de que donde Yo esté, estén también ustedes. Ya conocen el camino del lugar adonde voy”.

Tomás le dijo: “Señor, no sabemos a dónde vas. ¿Cómo vamos a conocer el camino?”

Jesús le respondió:

“Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre, sino por mí. Si ustedes me conocen, conocerán también a mi Padre. Ya desde ahora lo conocen y lo han visto”.

Felipe le dijo: “Señor, muéstranos al Padre y eso nos basta”.

Jesús le respondió: “Felipe, hace tanto tiempo que estoy con ustedes, ¿y todavía no me conocen?  El que me ha visto, ha visto al Padre. ¿Cómo dices: “Muéstranos al Padre”? ¿No crees que Yo estoy en el Padre y que el Padre está en mí? Las palabras que digo no son mías: el Padre que habita en mí es el que hace las obras. Créanme: Yo estoy en el Padre y el Padre está en mí.

Créanlo, al menos, por las obras.

Les aseguro que el que cree en mí hará también las obras que Yo hago, y aún mayores, porque Yo me voy al Padre”.

Palabra del Señor

 

Te invitamos a reflexionar el Evangelio de hoy con la guía de Fray Rafael Colomé Angelats O.P.
Convento de la Santísima Trinidad (Montevideo, Uruguay):
 

De hecho, quien ha visto a Jesús ha visto al Padre. Y si conociéramos a Jesús conoceríamos también al Padre. Para profundizar en la comunión íntima con Dios, el camino es el recorrido en esta vida por Jesús. Este es el desafío que tenemos como cristianos. Vivir una fe impregnada del conocimiento profundo de la vida y praxis de Jesús que nos motive, oriente y se convierta en cada uno de nosotros en entrega a los demás.

Como nos muestra la primera lectura, de los Hechos de los Apóstoles, frente a las tensiones internas que por diversas razones en toda comunidad cristiana o en nuestras familias pueden existir, la alternativa no es profundizar la división y discriminar al que es distinto o piensa de manera diferente.

La elección de los “siete diáconos” institucionaliza en cierta manera el gesto de Jesús en la última cena, que se puso a lavar los pies de sus discípulos. “Os he dado ejemplo, para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis” (Jn 13,15). Toda parroquia o familia está llamada a ser esta diaconía de servicio. El servicio es la manifestación de que nos amamos los unos a otros. Estar pendientes del otro, de sus necesidades, ayudarnos y aceptarnos en nuestras diferencias, es la forma de hacer presente al Señor resucitado en medio nuestro.

Es la manera como nos integramos en la construcción del nuevo templo del Espíritu, en el que Cristo resucitado es “la piedra viva desechada por los hombres, pero escogida y preciosa ante Dios”, tal como nos invita la segunda lectura, de la carta de san Pedro. Un pueblo nuevo, adquirido por la muerte y resurrección de Jesús, al que nos integramos por el bautismo y del que todos podemos formar parte, compartiendo los dones del resucitado. Un pueblo nuevo para ser germen de un mundo nuevo en medio de las tensiones que vivimos. En el que podamos construir la fraternidad universal a la que estamos llamados como hijos e hijas de un mismo Padre.

Preguntémonos: ¿Qué aporta a mi vida creer en la propia resurrección? ¿Qué imágenes de Dios alimentan mi fe? ¿Están en consonancia con la imagen del Padre que nos revela Jesús?
 

 




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