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Domingo 31 de septiembre, Tiempo Ordinario
Un sábado, Jesús entró a comer en casa de uno de los principales fariseos. Ellos lo observaban atentamente. Y al notar cómo los invitados buscaban los primeros puestos, les dijo esta parábola:
“Si te invitan a un banquete de bodas, no te coloques en el primer lugar, porque puede suceder que haya sido invitada otra persona más importante que tú, y cuando llegue el que los invitó a los dos, tenga que decirte: “Déjale el sitio”, y así, lleno de vergüenza, tengas que ponerte en el último lugar.
Al contrario, cuando te inviten, ve a colocarte en el último sitio, de manera que cuando llegue el que te invitó, te diga: “Amigo, acércate más”, y así quedarás bien delante de todos los invitados. Porque todo el que se eleva será humillado, y el que se humilla será elevado”.
Después dijo al que lo había invitado: “Cuando des un almuerzo o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos, no sea que ellos te inviten a su vez, y así tengas tu recompensa. Al contrario, cuando des un banquete, invita a los pobres, a los lisiados, a los paralíticos, a los ciegos.
¡Feliz de ti, porque ellos no tienen cómo retribuirte, y así tendrás tu recompensa en la resurrección de los justos!”
Palabra del Señor
A continuación, puedes meditar la Palabra bajo la guía de Fray Juan Manuel Febles Calderón
Convento de Santo Domingo, República Dominicana:
La liturgia de este domingo nos presenta un pasaje evangélico profundamente revelador y desafiante, tomado del Evangelio de San Lucas (14, 1. 7–14), en el que Jesús aprovecha una escena común —una comida en casa de un fariseo— para revelar la lógica desconcertante pero transformadora del Reino de Dios. Este texto, aparentemente sencillo, ofrece dos enseñanzas centrales que atraviesan la espiritualidad cristiana: la humildad como actitud interior del discípulo, y la generosidad como expresión concreta del amor evangélico.
La escena se desarrolla en un contexto social donde los honores y las jerarquías determinaban el valor de las personas. Jesús, observando cómo los invitados buscan los primeros puestos, propone una sabiduría contracultural: quien se humilla será exaltado. Luego, con radicalidad aún mayor, exhorta a invitar a los que no pueden devolver el favor, mostrando así el rostro gratuito de Dios. Este mensaje, que rompe con los esquemas del interés y del mérito, nos interpela a revisar nuestras motivaciones más profundas.
La presente reflexión busca, desde una perspectiva pastoral y teológica, profundizar en estas enseñanzas, no solo para comprenderlas intelectualmente, sino para acogerlas como camino de vida cristiana. La enseñanza y la riqueza de este pasaje pretende ayudar a la comunidad a descubrir cómo la humildad y la gratuidad no son simples virtudes humanas, sino manifestaciones concretas del Reino de Dios en medio de nuestra realidad.
Fuente: Dominicos.org
Av Vitacura 3729, Vitacura, Región Metropolitana
Teléfono: 22 208 1730
E-mail: secretariapinmaculada@iglesia.cl