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Domingo 17 de agosto, Tiempo Ordinario
Jesús dijo a sus discípulos: Yo he venido a traer fuego sobre la tierra, ¡y cómo desearía que ya estuviera ardiendo! Tengo que recibir un bautismo, ¡y qué angustia siento hasta que esto se cumpla plenamente!
¿Piensan ustedes que he venido a traer la paz a la tierra? No, les digo que he venido a traer la división. De ahora en adelante, cinco miembros de una familia estarán divididos, tres contra dos y dos contra tres: el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra.
Palabra del Señor
Reflexiona el Evangelio con la guía de Fray Luis Martín Figuero (O.P.) de la Comunidad Virgen de la Vega, Babilafuente (Salamanca):
Jesús es humilde pero también es apasionado. Dios no es un Cristo acaramelado, dulzón, que no va a denunciar eso que nos causa incomodidad.
Nos podemos preguntar, a la luz del evangelio: ¿Qué pasaría si evitáramos decir la verdad, solo para quedar bien con los demás?, ¿y si omitiéramos ciertas denuncias, ciertas correcciones sólo para no caer mal a los demás?... Si es así, no estaríamos siendo fieles al mensaje y al ejemplo que Jesús nos ha dado. Hay que transmitir el ejemplo completo de Cristo y eso incluye denunciar, corregir eso que está mal. No podemos callarnos una verdad, aunque eso incomode muchas veces al destinatario.
Tenemos que ser cristianos completos, no solo con la versión tranquila de Jesús, sino también con esa versión que implica denunciar el pecado, denunciar los atropellos; ese es el verdadero cristiano y es por ahí por donde va el evangelio de este domingo. En este evangelio Lucas nos dice que “ha venido a prender fuego en el mundo, y ¡ojalá estuviera ya ardiendo!”. Jesús es ese fuego que viene a ponernos a prueba, que viene a purificarnos para sacar lo mejor de nosotros. Pero, ante su palabra, cada uno de nosotros reacciona de manera distinta dependiendo de lo que estemos dispuestos a dejar obrar a Jesús en nuestra vida. Si le permitimos actuar en nuestra vida, Él sacará lo mejor de nosotros.
Permitamos a Jesús que con su fuego nos purifique, que con su fuego nos transforme, que con su fuego haga de nosotros criaturas nuevas.
En cualquier caso, la vida está llena de conflictos, contradicciones y sufrimientos, más vale que nuestro esfuerzo esté dirigido hacia una meta que lo merezca. Por eso, quien sigua a Jesús, tiene que vivir buscando ardientemente que el fuego encendido por Él arda cada vez más en este mundo. Pero, antes que nada, se exige a sí mismo una transformación radical: «solo se pide a los cristianos que sean auténticos. Esta es verdaderamente la revolución» (E. Mounier).
¿Dónde es posible sentir hoy el fuego de Jesús? ¿Dónde podemos experimentar la fuerza de su libertad creadora? ¿Cuándo arden nuestros corazones al acoger su Evangelio? ¿Dónde se vive de manera apasionada siguiendo sus pasos?
Lee la reflexión completa AQUÍ
Fuente: Dominicos.org
Av Vitacura 3729, Vitacura, Región Metropolitana
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