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Domingo 10 de agosto, Tiempo Ordinario
Jesús dijo a sus discípulos: “No temas, pequeño Rebaño, porque el Padre de ustedes ha querido darles el Reino. Vendan sus bienes y denlos como limosna. Háganse bolsas que no se desgasten y acumulen un tesoro inagotable en el cielo, donde no se acerca el ladrón ni destruye la polilla. Porque allí donde tengan su tesoro, tendrán también su corazón.
Estén preparados, ceñidas las vestiduras y con las lámparas encendidas. Sean como los hombres que esperan el regreso de su señor, que fue a una boda, para abrirle apenas llegue y llame a la puerta.
¡Felices los servidores a quienes el señor encuentra velando a su llegada! Les aseguro que él mismo recogerá su túnica, los hará sentar a la mesa y se pondrá a servirlos. ¡Felices ellos, si el señor llega a medianoche o antes del alba y los encuentra así!
Entiéndanlo bien: si el dueño de casa supiera a qué hora va a llegar el ladrón, no dejaría perforar las paredes de su casa. Ustedes también estén preparados, porque el Hijo del hombre llegará a la hora menos pensada”
Pedro preguntó entonces: “Señor, ¿esta parábola la dices para nosotros o para todos?”
El Señor le dijo: “¿Cuál es el administrador fiel y previsor, a quien el Señor pondrá al frente de su personal para distribuirle la ración de trigo en el momento oportuno? ¡Feliz aquél a quien su señor, al llegar, encuentra ocupado en este trabajo! Les aseguro que lo hará administrador de todos sus bienes. Pero si este servidor piensa: “Mi señor tardará en llegar”, y se dedica a golpear a los servidores y a las sirvientas, y se pone a comer, a beber y a emborracharse, su señor llegará el día y la hora menos pensada, lo castigará y le hará correr la misma suerte que los infieles.
El servidor que, conociendo la voluntad de su señor, no tuvo las cosas preparadas y no obró conforme a lo que él había dispuesto, recibirá un castigo severo. Pero aquél que sin saberlo, se hizo también culpable, será castigado menos severamente. Al que se le dio mucho, se le pedirá mucho; y al que se le confió mucho, se le reclamará mucho más”.
Palabra de Dios
A continuación te invitamos a relfexionar con la guía de fray José Luis Ruiz Aznarez O.P. del Convento de Predicadores Cardenal Xavierre, Zaragoza, España.
Todos y cada uno somos un “tesoro”… todos y cada uno tenemos un tesoro que está escondido y hay que “trabajar” para descubrirlo. El tesoro es Dios que está en el corazón de cada una de sus criaturas. La búsqueda de Dios en el corazón de uno y la contemplación (mirar con amor) del prójimo como amados y, también, habitados por Dios. El Dios que Jesús nos presenta y que es don total, incondicional y permanente.
En este “trabajo”: la búsqueda del tesoro, la confianza puesta en el que buscamos, la responsabilidad está motivada. Nada nos tiene que dar nuestro Creador, lo que somos y a lo que estamos llamados está dentro de nosotros. De ahí la importancia de la responsabilidad en cada uno de nuestros actos, sentimientos, proyectos… en los que los demás son importantes.
Estad atentos y vigilantes
Pero, ¿cómo saber lo que se me dio? Buscar e indagar, estar vigilantes, salir del “dichoso yo” para poder crecer en consciencia.
Sin miedo, éste acobarda, asusta, limita. La pedagogía del miedo la utilizada los dictadores, los que se creen propietarios y van de poderosos.
Dios parte del Amor, del Don de la Gracia… confía en sus criaturas. Las palabras de Jesús no son amenazas, son palabras para despertar a lo que somos, a nuestra realidad.
Fuente: Dominicos.org
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