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Domingo 1 de agosto, Tiempo Ordinario
Uno de la multitud dijo al Señor: “Maestro, dile a mi hermano que comparta conmigo la herencia”.
Jesús le respondió: “Amigo, ¿quién me ha constituido juez o árbitro entre ustedes?” Después les dijo: “Cuídense de toda avaricia, porque aún en medio de la abundancia, la vida de un hombre no está asegurada por sus riquezas”.
Les dijo entonces una parábola: “Había un hombre rico, cuyas tierras habían producido mucho, y se preguntaba a sí mismo: “¿Qué voy a hacer? No tengo dónde guardar mi cosecha”. Después pensó: “Voy a hacer esto: demoleré mis graneros, construiré otros más grandes y amontonaré allí todo mi trigo y mis bienes, y diré a mi alma: Alma mía, tienes bienes almacenados para muchos años; descansa, come, bebe y date buena vida”.
Pero Dios le dijo: “Insensato, esta misma noche vas a morir. ¿Y para quién será lo que has amontonado?”
Esto es lo que sucede al que acumula riquezas para sí, y no es rico a los ojos de Dios”.
Palabra del Señor
Te invitamos a meditar el Evangelio con la guía de Fray Antonio Gómez Gamero O.P. del Convento de San Vicente Ferrer, Valencia, España.
En la sociedad de consumo en la que a menudo nos vemos envueltos es saludable preguntarnos por nuestra actitud ante los bienes materiales. Se nos invia a relativizarlos y a anteponer a Dios y las personas, especialmente las desfavorecidas.
El Evangelio de este domingo nos presenta la actitud que un cristiano debe tener ante los bienes materiales. Jesús, a partir de una controversia por una herencia y a propósito de una parábola que propone, rechaza tanto la avaricia (el afán de poseer), como la codicia (poner los bienes materiales por encima de las personas, incluso por encima de lazos familiares), como la idolatría (ponerlos por encima de Dios).
Los bienes materiales son efímeros e inconsistentes, para la vida, y especialmente para la vida eterna. En su lugar nos propone trabajar por ser rico ante Dios. Se rico ante Dios, conlleva poner a Dios por encima de cualquier tipo de bien y utilizar el dinero en favor de nuestros hermanos, especialmente, los más desfavorecidos.
En la época en que vivimos, en la sociedad llamada del bienestar, que, a menudo promueve el consumismo, es saludable que nos preguntemos por nuestra actitud ante los bienes materiales y si somos capaces de anteponer y promover los valores eternos.
Fuente: Dominicos.org
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