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Jueves 04 de Agosto, 2022

Anécdotas desconocidas del Padre Hurtado

 



De quienes lo conocieron en persona


“Este cura era distinto a todos. Se levantaba todos los días a las cinco de la mañana a leer la Biblia y se acostaba muy tarde. No dormía casi nada haciendo cosas”, rememora Luis Fuentes sobre san Alberto Hurtado. 

Luis es uno de los habitantes más insignes del Hogar de Cristo, pues vive en ese recinto desde que el mismo sacerdote jesuita lo recogió bajo uno de los puentes del río Mapocho. “Eso fue hace 70 años. Yo tenía cinco años. Esa noche nos llevó a 15 niños al hogar que estaba en calle López de Bello en Recoleta. Llegamos 15, pero solo quedamos dos viviendo porque el resto volvió a la calle”, explica Luis sobre el padre Hurtado.

Fuentes es saludado por toda la gente que trabaja en el Hogar de Cristo y él también devuelve el saludo y una que otra broma con sus cercanos. Es una de las pocas personas vivas que compartieron con el santo chileno y sin duda que guarda los mejores recuerdos del sacerdote. “Echaba sus chistes, era muy simpático, demasiado. Jugaba a la pelota, jugaba a las cartas. Jugaba a la brisca, a la escoba, a cualquier juego de cartas. Sabía mucho porque él era abogado”, explica Fuentes, que lo vio prácticamente todos los días hasta que cumplió 15 años. “Eso fue el año 1952, cuando él ya estaba muy enfermo. Me acuerdo que era bien simple, sencillo, aunque tenía muy buen humor. Y así fue hasta el último momento en que lo vi”, detalla.

Sergio Molina, ex ministro de los presidentes Eduardo Frei Montalva y Patricio Aylwin, fue alumno del padre Alberto Hurtado en el colegio San Ignacio de Alonso Ovalle, en la asignatura de Apologé- tica: “Eso significa la defensa de Dios. Era una clase sumamente interesante donde uno planteaba las dudas que uno tuviera acerca de Dios, y el padre Hurtado hacía la clase mucho más interesante porque él se formó en Europa, venía llegando hace poco a Chile. Fue excepcional”.

Molina también destaca la personalidad única del sacerdote: “Nunca nos dimos cuenta que estábamos delante de un santo. Para unos fue muy vocacional, aunque él no era una persona que andaba buscando candidatos a cura, pero producía un efecto en muchos que les daba ganas de ser el padre Hurtado, de ser un sacerdote como él. Su ejemplo llevó a varios estudiantes a ser jesuitas en su tiempo”.

El padre Jaime Correa llevó la causa del proceso de canonización del padre Hurtado en Chile. Lo conoció en el verano de 1942 y recuerda que de inmediato se hicieron muy amigos: “Era una persona que comunicaba mucho. Él con la persona que tenía al frente o con quien conversaba, le daba toda la importancia que se podía dar, como si fuera la persona más importante del mundo. Me sentí siempre así cuando iba a conversar con él. Se podía caer el mundo, pero yo era la persona más importante que existía en ese momento, siendo un muchacho de 16 años”.

Fuente: www.periodicoencuentro.cl / Santiago, 05-08-2015




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