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Reseña Padre Ignacio Ortúzar
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Monseñor Ignacio Ortúzar Rojas (60 años de ministerio)
Un hombre la servicio de Dios, la Iglesia y sus fieles.
Dios quiso que naciera en el seno de una familia profundamente cristiana rodeado del cariño de sus hermanos y hermanas. Sus años de escolar los vivió al alero de los Padres Alemanes y posteriormente en la Universidad Católica como estudiante de medicina. El Señor quiso ponerlo en contacto con nuestro querido Padre Hurtado. Asistió a sus retiros espirituales, siendo tocado por la gracia del Señor en uno de ellos, haciéndole sentir su invitación a seguirlo. Sin dudarlo, conversó durante un año esta inquietud con el Padre Hurtado y en 1939, aconsejado por éste, postuló al Seminario Pontificio de Santiago, donde fue aceptado iniciando así su formación sacerdotal.
Después de cursar sus estudios de Filosofía y Teología recibió de manos de Mons. José María Caro, el 22 de setiembre de 1945, la ordenación sacerdotal. El Señor lo había llamado y ahora el Señor, como buen discípulo, lo enviaba a trabajar en su mies.
Su primer servicio pastoral lo vivió en el mismo Seminario, siendo Prefecto de filósofos, de teólogos y luego Ministro del Seminario Menor. Años hermosos en que trabajó en la formación de los futuros sacerdotes de nuestra Diócesis, muchos de ellos hoy nos acompañan. Durante estos años sirvió, también, como Maestro de Ceremonias de la Catedral de Santiago.
Al cumplir siete años en el Seminario, el Arzobispo de Santiago, lo invitó a incorporarse al equipo sacerdotal que trabajaba en el Instituto de Humanidades, Luis Campino, lo que aceptó con la disponibilidad que lo ha caracterizado toda su vida sacerdotal. Fue una hermosa experiencia pastoral, que lo marcó por el contacto con los jóvenes y por el grave accidente automovilístico que sufrió. Terminado su período de recuperación, en Abril de 1962, recibió la visita de Mons. Raúl Silva Henríquez, nuevo Arzobispo de Santiago, quien le preguntó “si le gustaría ser Párroco”.”Feliz lo haría” fue su pronta respuesta. Fue destinado a la Parroquia de la Basílica del Salvador, donde sirvió con gran dedicación y entrega pastoral.
Al poco tiempo, cuando se iniciaba la Misión General de Santiago, el Arzobispo le solicitó que asumiera la Parroquia de San Bernardo. Dócil al querer del Pastor asumió el nuevo desafío. San Bernardo lo cautivó rápidamente, hasta hoy su corazón late fuertemente al recordar esos tiempos. Fueron doce hermoso años. Tiempos de grandes realizaciones pastorales y tiempos difíciles en la convivencia nacional. A pesar de las tensiones, políticas supo mantener una comunidad unida y fuerte en la fe. Vivió momentos de gran dolor con ocasión de la trágica muerte del Padre Juan Alcina, integrante del equipo sacerdotal de San Bernardo. Logró muy buenas relaciones con las autoridades militares, con dirigentes sociales y vecinales. Participó activamente en la vida del Presbiterio de la Zona Sur, Decano de San Bernardo y animador de movimientos laicos como el Moac, Encuentros matrimoniales y otros.
En 1975 le fue propuesta la Parroquia Santa Elena de la entonces Zona Providencia de Las Condes. No le fue fácil dejar San Bernardo, pero con su disponibilidad característica lo hizo. Sirvió en esta Zona como Decano y muy pronto fue designado Vicario Episcopal. En 1978, fue, además, designado Vicario General de la Arquidiócesis, correspondiéndole presidir el comité ejecutivo del “Simposium de los Derechos Humanos” realizado en el Templo Catedral de Santiago. Momentos que dada su personalidad no le fueron fáciles, pero que supo sortear con sabiduría y fortaleza de espíritu.
En 1982 es destinado a esta su querida Parroquia “La Inmaculada Concepción” de Vitacura. Sucedía a los sacerdotes holandeses del Sagrado Corazón, que la habían fundado y atendido durante años, no era fácil., pero rápidamente supo ganarse el cariño de los feligreses y dedicarles con gran generosidad y entrega los años de madurez y plenitud sacerdotal.
Son muchas las obras e iniciativas que este gran Pastor ha realizado durante sus fructíferos años al servicio de esta comunidad, Destacando por sobre otras obras la mantención del Colegio Parroquial de la Inmaculada Concepción, el cual gracias a su firme voluntad de proyectarlo en el tiempo, ha conseguido asociarlo a la red EducaUC garantizando con ello la calidad de la enseñanza y la entrega de sólidos principios y valores cristianos a sus alumnos.
Al servicio de esta Parroquia que le ha brindado grandes alegrías y en la que ha vivido momentos de dolor, como ser la pascua del Padre Miguel Ortega, cumple Don Ignacio sus 60 años de ministerio sacerdotal. Años en que además de los servicios pastorales recordados, debemos mencionar su dedicación al servicio pastoral de las Religiosas de nuestra arquidiócesis, especialmente durante el tiempo en que fue, también, Vicario episcopal para las religiosas.
Recientemente en el día de la solemnidad de San Juan Apóstol ha sido distinguido por nuestro Cardenal, Francisco Javier Errazuriz con la “Cruz del Apóstol Santiago” en reconocimiento a su dilatada y fructífera labor al servicio de la Iglesia.
Finalmente no podemos dejar de destacar la gran dedicación de Don Ignacio a la dirección espiritual y atención del confesionario, son y somos muchos los laicos, seminaristas y sacerdotes que han recibido de él orientación, acompañamiento y Consejo. Durante años, como Director del departamento del clero estuvo preocupado por la formación, situación de vida y problemas de salud. El clero de Santiago lo aprecia profundamente y le agradece su testimonio sacerdotal. Hombre de Dios, amante de la Eucaristía, gran dedicación al confesionario, de gran amistad y preocupación por los sacerdotes y vocaciones sacerdotales, respetuoso de los laicos y animador de su compromiso temporal, siempre dispuesto a servir consecuente con su dicho “el cielo está hecho para descansar, la tierra para trabajar.
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