DIA 23 DE NOVIEMBRE
1º Se Reza el Santo Rosario.
2º Canto a La Virgen.
3º Oración Inicial del Mes de María.
4º Lectura del Día: JESÚS PERDIDO EN EL TEMPLO
Cada año iban María y José al templo de Jerusalén para celebrar el día de Pascua. Como Jesús ya había cumplido los 12 años de edad, debía dar un examen ante los doctores de la ley para ser considerado mayor de edad. (Lc. 2,41-42)
Su Madre lo había preparado con esmero y con cariño y le había enseñado cuanto Ella sabía.
Antes de partir se habían unido con parientes y peregrinos que también iban a la misma ciudad para hacer el trayecto juntos.
Estando ya en las afueras, según la costumbre, se separaban los hombres de las mujeres formando grupos aparte y los niños iban indistintamente con cualquier grupo.
El ambiente era de fiesta y el viaje se hacía a pie cantando salmos a través de los campos y lomajes que en esa época de primavera gozaba de días hermosos.
Jesús iba en el grupo de María.
Llegando a Jerusalén, después de haber orado en el templo, José se dirigió a un sacerdote quien después de un momento llegó acompañado de varios más para conocer a Jesús que sería examinado.
“Aquí está mi Hijo” les dijo: “Deseo que lo consideren ya mayor de edad y que lo examinen con benevolencia; Él conoce los preceptos, las tradiciones y la ley en todas sus formas”.
Jesús se presentó ante los doctores de la ley y el interrogatorio empezó:
¿Cómo te llamas?
“Jesús, hijo de José de Nazaret”.
Las preguntas siguieron una tras otras y todos quedaban maravillados de las respuestas que Él daba; jamás habían oído semejante sabiduría y sin abrir los rollos que contenían el decálogo, lo recitó de memoria, inclinándose cada vez ante el nombre del señor.
“Será un gran doctor” dijeron varios de los que ahí estaban.
Pasado un momento en que dieron gracias a Dios, los dos se reunieron con el grupo de las mujeres en donde estaba María. Ella lo besó. Jesús venía convertido en un adulto y su mirada era más seria y profunda.
Todos emprendieron el viaje de regreso a Nazaret con el corazón lleno de gozo pero pronto ese gozo se convirtió en angustia cuando nuevamente se reunieron los grupos y Jesús no estaba con ellos.
En el grupo de María no estaba Jesús y con el de José tampoco venía.
El dolor traspasó el corazón de María y de José; ninguno, se hizo reproche pero el rostro de la Madre, ya no sintió cansancio ni hambre; el camino había sido largo y pesado, había oscurecido y ya era de noche, pero nada importaba; Jesús no estaba con ellos, estaba perdido y había que buscarlo donde fuera.
Regresaron a Jerusalén preguntando a cada caravana y a cada peregrino si habían visto a Jesús; José iba con Ella con la angustia del Hijo perdido ¿Dónde estaría? ¿Estaría con hambre, con frío o estaría muerto? ¿A quién preguntar?
Jerusalén había quedado vacía y ellos fueron de casa en casa indagando, pero nadie la había visto y nada sabían de Él.
Finalmente, después de tres días, con el alma desgarrada decidieron ir al Templo, recorriendo los patios y pórticos y al final entre sollozos y lágrimas oyeron la voz de Jesús que estaba enseñando.
María prudente y discreta, siempre callaba pero, la ansiedad la venció y abriéndose paso entre la gente y con el rostro bañado en lágrimas le dijo: “Hijo ¿por qué hicistes esto con tu padre y conmigo? Hace tres días que te buscamos (Lc. 2,48).
Jesús contestó a su Madre: ¿no sabes que debo estar en las cosas que son de mi Padre?” (Lc. 2,49)
Para Jesús primero era su Padre y para eso había venido al mundo.
María sin decir nada más, tomó la mano de Jesús, volvieron a Nazaret y el sol volvió a brillar en su corazón.
Reflexión: ¿Busco yo desesperadamente a Jesús cuando lo he perdido por haber cometido algún pecado o sigo viviendo tranquilamente?.
5º Oración Final para Todo los Días del Mes.
6º Canto de Despedida a la Santísima Virgen María.
Volver