DÍA 17 DE NOVIEMBRE
1º Se Reza el Santo Rosario.
2º Canto a La Virgen.
3º Oración Inicial del Mes de María.
4º Lectura del Día: EL NACIMIENTO DE JESÚS
María se sentía cansada con el viaje desde Nazaret, sólo deseaba poder descansar; José mientras tanto trataba de encender fuego para abrigar un poco el establo frío y mal oliente que les serviría de refugio.
Dentro de ella, había un buey que la ver a los viajeros, se puso de pie en señal de respeto y bien venida y más allá había otro que dormía plácidamente.
José metió el asno al establo para que comiera pasto que aunque húmedo le serviría de alimento y encendió fuego para abrigarse y abrigar a María.
Ella se tendió en la paja que había en un rincón más protegido del viento y José la abrigó con su manto; todo era oscuridad y silencio, sólo el fuego hacía ruido con su chisporroteo y alumbraba débilmente, el resto era penumbra y frío.
Pasaron largas y angustiosas horas.
De pronto y poco a poco ese portal oscuro y silencioso se llenó de Gloria y de Alegría.
María resplandeció y se iluminó toda con una luz divina y un éxtasis la invadió por completo.
Cada rincón se había convertido en un pedazo del cielo, era el momento que el mundo entero se arrodillaría ante Dios y su Señor, el más sublime de la historia.
El prodigio se aproximaba: era Jesús que ya venía, era Jesús que nacía y que viviría para siempre entre nosotros.
¡En ese momento la luz invadió la humanidad!
La luna dejó penetrar un rayo por una rendija para estar presente en tan grandioso milagro y las estrellas brillaron en el cielo con su mejor resplandor; la cueva se inundó de querubines y serafines que corrían de un alado a otro cantando “GLORIA A DIOS, GLORIA A DIOS”.
Las humildes hormigas que dormían en los rincones parecían luciérnagas encendidas y las sucias telarañas hacían brillar sus hilos de todos colores para alabar a dios.
Un perfume suave se sintió en la maloliente cueva y pareció que un jardín de flores derramaba su aroma: en ese momento, el desierto floreció.
El asno, pobre animal, el más humilde de todos los animales, quedó paralizado al ver aquel prodigio: “este no es un niño cualquiera” pensó; “sus ojos parecen atraer con su mirada y su sonrisa se asemeja a la sonrisa de Dios; agachó sus grandes orejas, dobló sus patas delanteras y se inclinó en señal de adoración.
”María tomó al Niño en sus brazos y lo acarició tiernamente, lo envolvió en pañales y lo abrigó.
José casi no se atrevía a tocarlo, era el Hijo de María, pero también era su Dios; lo recostó en el pesebre y así el pequeño Dios, Hijo del Altísimo durmió su primer sueño entre los hombres.
Había empezado el Misterio de la Salvación.
Reflexión: ¿Me doy cuenta que el hijo de Dios se hizo hombre por amor a mí?.
5º Oración Final para Todo los Días del Mes.
6º Canto de Despedida a la Santísima Virgen María.
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