DÍA 16 DE NOVIEMBRE
1º Se Reza el Santo Rosario.
2º Canto a La Virgen.
3º Oración Inicial del Mes de María.
4º Lectura del Día: MARÍA Y JOSÉ VAN A BELÉN
En esa época Israel estaba dominada por el Imperio Romano y el Emperador era César Augusto, quien ordenó empadronar a todos los ciudadanos en su lugar de origen.
La ciudad de Belén era la ciudad del rey David.
José era de su descendencia, por lo tanto debían ir allá para empadronarse (Lc. 2, 1-4).
María estaba esperando al Niño que no tardaría en nacer, su estado era muy avanzado pero, debían obedecer, partir para Belén y cumplir con el mandato del Emperador.
Al escuchar Ella que debían ir recordó el anuncio que el Profeta Miqueas había hecho sobre el Mesías: “Y tú Belén, pequeña eres entre los principales pueblos de Judá, más, de ti, saldrá un Gobernante que ha de guiar a mi pueblo, Israel” (Mi. 5,1)
José estaba inquieto y en su interior se hacía mil preguntas. ¿Cómo sería el viaje? ¿Tendrían tiempo de volver antes que naciera el Niño? ¿Encontrarían alojamiento sin conocer a nadie?
Los inconvenientes eran muchos pero, María confiaba sólo en Dios y sabía que no los abandonaría.
El Señor cuida de los animales para que encuentren refugio y de las aves para que tengan su nido” decía “¿Cómo crees José que no va a cuidar de nosotros y nos va a abandonar? Debemos poner nuestra esperanza y nuestra fe en Él y hacer su voluntad, no tengas miedo y verás que todo sale bien”.
José se tranquilizaba al escucharla y las arrugas de la preocupación desaparecían de su cara.
La partida fue rápida y se llevó lo indispensable. José pudo conseguir sólo un asno para el trayecto en el que subió a María; José caminando al lado lo guiaba con una rienda sin dejar de mirar a María de vez en cuando por si estaba cansada, tenía frío o se sentía mal; Ella en silencio sólo oraba, su corazón estaba lleno de alegría porque llevaba en su seno a su Jesús adorado.
El camino continuaba largo pero, debían seguir avanzando; desde la cumbre de un cerro José divisó algunas casas.
“Hemos llegado a Belén, María, a la tierra de David” pero, Ella estaba muy agotada, el viaje había sido largo y estaba adolorida.
Casi con un quejido dice a José que el momento ha llegado y le parece ver al Niño entre sus brazos.
José mientras tanto buscaba albergue, pero todo estaba ocupado, buscaba una casa, un portal, una posada, pero todo estaba lleno de gente; ellos eran pobres peregrinos tal vez no tenían dinero y todas las puertas se les cerraban.
Después de tanto caminar, alguien dijo que al final del pueblo, había un portal donde dormían animales.
Sin tener otra esperanza, allá se encaminaron y en la oscuridad de la fría y destemplada noche María bajó del asno, entró al establo y se recostó sobre un pesebre que servía a los animales.
La humanidad sólo les había brindado la más humilde, sucia, maloliente y húmeda posada y en Ella nacería el Rey de los Reyes, el Hijo de Dios y el Salvador del mundo.
Reflexión: ¿He pensado en la entrega del Hijo de Dios al hacerse hombre como nosotros?.
5º Oración Final para Todo los Días del Mes.
6º Canto de Despedida a la Santísima Virgen María
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