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Viernes 12 de Julio, 2019

“Mi corazón no podía ser indiferente a este llamado de Dios, de ayudar a quienes tanto lo necesitan”

 



Conociendo a Marcela Reyes de la Pastoral Misionera


Continuamos compartiendo las experiencias de nuestros agentes pastorales, y en esta ocasión, conoceremos a Marcela Reyes una de las voluntarias que participa en la Pastoral Misionera que visita semana a semana el hogar “Nuestra Señora de Guadalupe” de la Fundación Las Rosas.

A raíz de la invitación que realizó el padre Eduardo Howard en una de las misas hace poco más de 3 años, donde solicitaban personas para colaborar en uno de los hogares de la Fundación, Marcela sintió en su corazón que no podía ser indiferente a este llamado de Dios para ayudar a quienes tanto lo necesitan: “El mismo día de la invitación decidí inscribirme, pues me interesó muchísimo.  Luego, nos reunimos con la hermana Rosío encargada del hogar Nº 28, donde nos explicó detalles sobre nuestro apostolado con las abuelitas, que consiste en brindarles compañía y ayudar a darles de comer a aquellas que ya no lo pueden hacer por sí solas".  

Desde la primera vez que visitó el hogar, se dio cuenta que había una conexión muy especial con las residentes, pues, a pesar de que muchas de ellas a raíz de su enfermedad, no logran recordar los nombres de la voluntarias “siempre nos esperan con muchísimo cariño”, agrega. 

Casada, con 5 hijos y a la espera de su sexto y séptimo nieto, Marcela no se cansa de asistir con gran entusiasmo cada miércoles a las visitas al hogar donde resalta el apoyo de su marido: “Mi esposo trabaja en el voluntariado de Coaniquem y yo siempre le estoy ayudando, especialmente en las colectas, donde mi casa se convierte en un verdadero ‘centro de operaciones’ (sonríe) y, aún así, no me faltan las ganas para seguir con mi apostolado en el hogar, pues, gracias a que tengo un compañero que también dedica su vida a hacer el bien a los demás, podemos comprendernos y apoyarnos mutuamente” .

Al preguntarle por alguna anécdota que quiera compartir, nos comenta muy emocionada: “Cada vez que regreso a casa de una visita al hogar, siento una alegría muy especial, porque junto a las demás voluntarias somos testigos de lo feliz que podemos hacer a las residentes con gestos tan sencillos.  Hay una abuelita que tiene problemas de lenguaje, habla solo emitiendo sonidos como “ta ta tá”, sin embargo, cada vez que pongo música con mi celular, ella se alegra un montón y logra seguir la melodía con su forma de comunicarse y ¡wow! creo que eso es el resultado de todo el cariño que una le entrega”.

“Admiro el compromiso, el buen corazón y la tremenda disposición al servicio de mis compañeras, porque ellas son también adultos mayores y solo faltan cuando tienen un problema que no lograron solucionar.  Siempre estamos preocupadas de los pequeños detalles, entre todas juntamos dinero para llevar algunos regalitos o bien, lo que las residentes necesiten” destaca. 

Marcela hace un llamado a toda la comunidad parroquial, a todos aquellos que deseen sumarse a esta pastoral misionera, porque hay muchas necesidades que cubrir y hacen falta manos solidarias que puedan colaborar los otros días de la semana: ”nuestro servicio es fundamental para las abuelitas, créanme que ellas lo agradecen de corazón, lo podemos ver en el amor con el que ellas responden a nuestros sencillos gestos...eso, llena el alma”.

"El fruto del silencio es la oración, el fruto de la oración es la fe, el fruto de la fe es el amor, el fruto del amor es el servicio y el fruto del servicio es la paz" 
(Madre Teresa de Calcuta)

 

Inscripciones e informaciones:
secretariapinmaculada@iglesia.cl





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