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Viernes 08 de Marzo, 2019

"Es hora de erradicar juntos la brutalidad del abuso"

 



Papa Francisco en el cierre del “Encuentro sobre Protección a Menores en la Iglesia”


Variados fueron los discursos y reflexiones que surgieron durante el “Encuentro sobre Protección a Menores en la Iglesia”, que se desarrolló en Roma entre el 21 y 24 de febrero con 114 presidentes de las conferencias episcopales de todo el mundo, más otros invitados, especialmente víctimas de abusos, cuyos testimonios tuvieron un fuerte impacto en los presentes.

Un solo caso de abuso “representa ya en sí mismo una monstruosidad, y será afrontado con la mayor seriedad”, dijo el Papa Francisco al cierre del encuentro.

Al inaugurar el encuentro Francisco expresó: “Ante la plaga de abusos sexuales perpetrados por hombres de Iglesia contra los menores, he pensado en interpelarlos a ustedes, patriarcas, cardenales, arzobispos, obispos, superiores religiosos y responsables, para que todos juntos nos pongamos a la escucha del Espíritu Santo y con docilidad a su guía escuchemos el grito de los pequeños que piden justicia”.
 

Señor, ten piedad de nosotros, pecadores

La inédita reunión mundial incluyó una liturgia penitencial, en la que los obispos pidieron perdón por sus pecados. En su desarrollo, los participantes usaron la fórmula penitencial del comienzo de la misa, respondiendo Kyrie, eleison (Señor, ten piedad) a cada una de las siguientes invocaciones: 

Señor Jesucristo, confesamos que somos pecadores. 

Confesamos que obispos, sacerdotes, diáconos y religiosos en la Iglesia hemos ocasionado violencia a niños y jóvenes, y que no hemos protegido a quienes más necesitaban de nuestra ayuda. 

Confesamos que hemos protegido a los culpables y hemos silenciado a los que han sufrido el mal. 

Confesamos que no hemos reconocido el sufrimiento de muchas víctimas, ni hemos ofrecido ayuda cuando la necesitaban.

Confesamos que a menudo nosotros, obispos, no hemos cumplido nuestras responsabilidades. 

Confesamos que hemos pecado de pensamiento, palabras y obras, en lo que hemos hecho y en lo que hemos omitido. 

Señor Jesucristo, te pedimos misericordia para nosotros, pecadores. 

Pedimos perdón por nuestros pecados. 

Pedimos la gracia para superar la injusticia y buscar la justicia para las personas que han sido confiadas a nuestro cuidado.


¿Son enemigos de los abusadores?

Las mujeres hablaron fuerte ante los obispos. Una de ellas, la doctora Linda Ghisoni, subsecretaria de la sección para los Fieles Laicos del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, expresó:

“Hoy nos vemos desafiados como Pueblo de Dios a asumir el dolor de nuestros hermanos vulnerados en su carne y en su espíritu. Si en el pasado la omisión pudo convertirse en una forma de respuesta, hoy queremos que la solidaridad, entendida en su sentido más hondo y desafiante, se convierta en nuestro modo de hacer la historia presente y futura”. Y en otra parte agregó, refiriéndose a los clérigos abusadores: “Estas personas son, desde mi punto de vista lobos que entran aullando en el redil para asustar aún más al rebaño y dispersarlo, cuando deberían ser precisamente ellos, los Pastores de la Iglesia, quienes tendrían que cuidar y proteger a los más pequeños”.

A su vez, la periodista mexicana Valentina Alazraki, corresponsal de Televisa en el Vaticano, interpeló así a los obispos: “Háganse una pregunta. ¿Son ustedes enemigos de los abusadores y de los encubridores tanto como lo somos nosotros? Nosotros hemos elegido de qué lado estar. ¿Ustedes, lo han hecho de verdad o solo de palabra? Si ustedes están en contra de los abusadores y de los encubridores, estamos del mismo lado. Podemos ser aliados, no enemigos. Les ayudaremos a encontrar las manzanas podridas y a vencer las resistencias para apartarlas de las sanas. Pero si ustedes no se deciden de manera radical a estar del lado de los niños, de las mamás, de las familias, de la sociedad civil, tienen razón a tenernos miedo, porque los periodistas, que queremos el bien común, seremos sus peores enemigos”.

Refiriéndose a la visita del Papa Francisco a Chile dijo: “Los fieles no perdonan la falta de transparencia, porque es una nueva violencia a las víctimas. Quien no informa, alienta un clima de sospecha y desconfianza y provoca la rabia y el odio hacia la institución. Lo he visto con mis propios ojos en el viaje del Papa Francisco a Chile de 2018. No fue indiferencia: fue indignación y rabia por el encubrimiento sistemático, por el silencio, por el engaño a los fieles y el dolor de las víctimas que durante decenios no fueron escuchadas, no fueron creídas”.


La voz de las víctimas

Los momentos de mayor impacto que vivieron los obispos de todo el mundo fueron los testimonios que les entregaron víctimas de abusos sexuales por parte de miembros del clero, quienes detallaron esos abusos y plantearon propuestas para actuar ante esta realidad.

El periodista chileno Juan Carlos Cruz, sobreviviente de abusos por parte de Fernando Karadima, manifestó en su discurso: “Ustedes son los doctores de las almas y, sin embargo, con excepciones, se han convertido en algunos casos, en los asesinos de las almas, en los asesinos de la fe (…) estamos viendo cada día la punta del iceberg, cuando la Iglesia ha querido que se diga que esto ya terminó, siguen saliendo casos, ¿por qué? Porque no se tratan, como cuando uno ve un cáncer, uno tiene que tratar el cáncer entero, no sacar el tumor, hay que hacer quimioterapia, hay que hacer radioterapia, hay que hacer tratamientos. No es extirpar el tumor y ya, listo (…) No asientan con la cabeza y después hagan otra cosa (…) Y que los que no quieran oír al Espíritu Santo y los que quieran seguir encubriendo, que se vayan de la Iglesia, para dejar paso a otros que sí queremos una Iglesia nueva, una Iglesia renovada y una Iglesia absolutamente libre de abusos sexuales”.

Una mujer europea, que sufrió abusos de un sacerdote de su parroquia desde que tenía once años, relató su sufrimiento: “¿Por qué a mí?, o sino: “Dios, ¿dónde estabas?”... ¡Cuánto he llorado haciéndome esta pregunta! No tenía más confianza ni en el hombre ni en Dios, en el Padre-bueno que protege a los pequeños y a los débiles. Yo, niña, ¡estaba segura que nada malo podría venir de un hombre que “perfumaba” a Dios! ¿Cómo podían las mismas manos, que a tanto habían llegado sobre mí, bendecir y ofrecer la Eucaristía? Él adulto y yo niña... se había aprovechado de su poder además que de su rol: ¡un verdadero abuso de fe!”.

Un joven chileno residente en Alemania, que mantuvo también su nombre en el anonimato, dio su testimonio diciendo: “Cuando se experimenta el abuso, se querría poner fin a todo. Pero no es posible. Se querría escapar, así sucede que uno deja de ser uno mismo. Se querría huir tratando de escapar de uno mismo. Así es que, con el tiempo, uno se queda completamente solo. Estás solo, porque te has retirado a otra parte y no puedes, o no quieres, volver a ti mismo”.

Miguel Ángel Hurtado, español, sobreviviente de abusos por parte de eclesiásticos en su país, expresó que “se acabó el tiempo de las palabras, que es la hora de tener acciones contundentes, que esto es una pandemia global, no es de unos países concretos, que se necesita un plan de acción global, creíble con un calendario, con medidas muy específicas, con un régimen sancionador para los obispos que no la cumplan, con medidas para monitorear si se está aplicando la práctica o no y esto se necesita para ya”.


El enemigo está dentro

Diversos cardenales también intervinieron en la asamblea mundial, como el arzobispo de Manila y presidente de Caritas Internationalis, el cardenal Luis Antonio Tagle: “Nuestra falta de respuesta ante el sufrimiento de las víctimas hasta el punto de rechazarlas y de tapar el escándalo para proteger a los autores y a las instituciones ha dañado a nuestro pueblo y ha dejado una herida profunda en nuestra relación con los fieles”. También pidió que se acerquen a los abusadores para que se “haga justicia y ayudarles a encarar la verdad”. No se puede condenar el abuso y seguir adelante. Tenemos que lograr una sanación más profunda”, agregó.

Otro expositor fue el cardenal Rubén Salazar Gómez, arzobispo de Bogotá y Primado de Colombia, quien enfatizó que “tenemos que reconocer que el enemigo está dentro (…) los primeros enemigos están dentro de nosotros, entre los obispos y los sacerdotes y los consagrados que no hemos estado a la altura de nuestra vocación”. En este contexto, afirmó que para reconocer y enfrentar la crisis, superando la mentalidad clerical, es necesario “no minimizarla afirmando que en otras instituciones suceden abusos a mayor escala”. Después, sostuvo que “toda denuncia debe desencadenar enseguida los procedimientos que están indicados tanto en el derecho canónico como en el derecho civil de cada nación, según las líneas-guía marcadas por cada conferencia episcopal”.


Escuchar, acompañar y reparar

El secretario general de la Conferencia Episcopal de Chile y administrador apostólico de Rancagua,monseñor Fernando Ramos, quien participó en la cita eclesial a nombre del episcopado nacional, entregó a periódico Encuentro sus impresiones poco después de clausurada.la cita. El obispo valoró que las reuniones comenzaran con el testimonio de cinco víctimas. “Cada uno de estos testimonios es muy doloroso y expresan lo que ellos han vivido, no solamente con los hechos mismos de abusos, sino también cómo han sido tratados, cómo han sido llevados, acompañados o mal acompañados por otras personas y por la misma Iglesia”, dijo. Añadió que “personalmente me impactó muchísimo el testimonio de la señora que se hizo presente en el encuentro y con mucha claridad y emotividad también iba contando su testimonio, que yo creo para toda la asamblea produjo un gran impacto. Todos quedamos con un nudo en la garganta, con los ojos llenos de lágrimas escuchando el tremendo dolor que había experimentado ella en parte importante de su vida por estos delitos tan atroces que son los delitos sexuales”. Monseñor Ramos dijo que varias cosas quedaron ya claras, como que “la responsabilidad de los obispos y de los que ejercen alguna función de liderazgo en la Iglesia implica saber escuchar, acompañar y, en lo posible, reparar a las víctimas de los abusos sexuales que se han cometido al interior de la Iglesia”.

Otra conclusión que saca es que “quedé con la muy clara convicción de la necesidad de seguir trabajando en la prevención de abusos, que tiene como objetivo central crear ambientes de protección, de seguridad, de paz y de la máxima transparencia para los menores de edad en la vida de la Iglesia. Todos los niños, niñas, jóvenes, adolescentes, tienen que sentirse seguros en la Iglesia, no solamente de una eventual agresión sexual, sino también en el tipo de relaciones y donde se puedan desplegar y crecer en todas sus potencialidades. En eso creo que tenemos que seguir trabajando muchísimo en Chile. Concluyó que “la responsabilidad de un obispo y de un líder en la Iglesia implica rendir cuenta de su gestión, mostrar cómo se están enfrentando los casos, atacarlos con la determinada claridad que la Iglesia pide y contar a la comunidad lo que se ha decidido y lo que se ha hecho”. Finalmente, expresó que “se maduró entre todos la clara conciencia de que esto es un crimen atroz, es un delito que trae consecuencias devastadoras y que no podemos permanecer indiferentes, desde ningún punto de vista”.


Hora de erradicar esta brutalidad

Al clausurar la cita mundial, el Papa sostuvo que incluso un solo caso de abuso en la Iglesia “representa ya en sí mismo una monstruosidad” y “será afrontado con la mayor seriedad”. Añadió con fuerza que “el eco de este grito silencioso de los pequeños, que en vez de encontrar en ellos paternidad y guías espirituales han encontrado a sus verdugos, hará temblar los corazones anestesiados por la hipocresía y por el poder”. El objetivo de la Iglesia, señaló, “será escuchar, tutelar, proteger y cuidar a los menores abusados, explotados y olvidados, allí donde se encuentren”. El Papa volvió a referirse al tema de este encuentro el mismo domingo de su clausura, durante el Angelus, ocasión en que manifestó: “Queremos que todas las actividades y lugares de la Iglesia sean siempre plenamente seguros para los menores; queremos que se tomen todas las medidas posibles para que no se repitan tales crímenes; y queremos que la Iglesia sea una vez más absolutamente creíble y fiable en su misión se servicio y educación de los niños según la enseñanza de Jesús”.

Monseñor Charles Scicluna, Arzobispo de Malta y Secretario Adjunto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, destacó que “el cambio de corazón debe producirse a través de la escucha de un gran número de voces. Y la voz de las mujeres ha sido importante. Este liderazgo fue como un soplo de aire fresco. Necesitamos escuchar, oír, experimentar. Porque, como dijo el Santo Padre después de escuchar a la Dra. Ghisoni, la Iglesia es madre, tiene este poder. La voz de la mujer en la Iglesia es vital para nosotros para que podamos ir por el camino correcto”. El comité organizador de la cumbre sobre protección a los menores por parte del clero, comenzó ya a trabajar en nuevas medidas para combatir este mal, sobre la base de las propuestas surgidas estos tres días en el Vaticano, como crear un vademécum para las conferencias episcopales o estudiar la reforma del secreto pontificio.

Durante el “Encuentro sobre Protección a Menores en la Iglesia” el Papa sostuvo que “el eco de este grito silencioso de los pequeños, que en vez de encontrar paternidad y guías espirituales han encontrado a sus verdugos, hará temblar los corazones anestesiados por la hipocresía y por el poder”.

En su discurso final –pronunciado en una eucaristía que concelebró con presidentes de conferencias episcopales de todo el mundo- Francisco anunció ocho dimensiones legislativas de trabajo para erradicar la “plaga de los abusos” en la Iglesia universal. Estas son:

1) La "protección de menores", dando prioridad a las víctimas y combatiendo la actitud defensivareaccionaria de salvaguardar la Institución.

2) "Seriedad impecable" haciendo lo necesario para llevar a la justicia a cualquiera que haya cometido crímenes. La Iglesia nunca intentará encubrir o subestimar casos.

3) Una "verdadera purificación" con un renovado empeño hacia la santidad de los pastores, aprendiendo a acusarnos como personas e instituciones y a reparar.

4) Selección y "formación" equilibrada de candidatos al sacerdocio, con orientación a la santidad, excluyendo sujetos con insuficiente equilibrio psicofísico y moral.

5) "Reforzar y verificar las directrices de las Conferencias Episcopales" con la exigencia de la aplicación de parámetros con normas eficaces y no solo con orientaciones.

6) Frente al mal que vivieron las víctimas y que deja en ellos heridas indelebles, la Iglesia tiene todo el deber de "acompañar a las personas abusadas", valiéndose de expertos.

7) Combatir la pornografía en "el mundo digital", pidiendo a países y a autoridades aplicar medidas que limiten sitios de internet que amenazan la dignidad humana.

8) Coordinar esfuerzos mundiales para lograr un marco legal que proteja a los niños de la explotación del "turismo sexual" y permita perseguir legalmente a los delincuentes.

Todos los discursos, ponencias y reflexiones del encuentro están disponibles en el sitio web www.pbc2019.org

Fuente: Comunicaciones Iglesia de Santiago